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jueves, 1 de septiembre de 2011

¿Y esto cómo se come?

Algunos sabréis lo mucho que mi vida está dando vueltas últimamente.
Para mí es difícil de explicar, pero contándolo lo entiendo yo misma mejor.
Aunque me ha costado mucho volver al blog. Casi tanto como volver en mí.

En el poco tiempo desde que lo empecé, los acontecimientos se habían superado a sí mismos llevándome muy lejos, sumergiéndome en un mundo ajeno en el que andaba vagando con las manos vacías y la mirada absorta en un punto de fuga negro como la noche. La nube tronaba incesante sobre mi cabeza descargando un aguacero tal que las neuronas de mi cerebro habían cortocircuitado impidiéndome ver, sin dejarme pensar, cayendo hipnótica en una espiral cada vez más mareada y cada vez menos consciente de mi persona. Con el locus de control mental girando externo en órbita lunar, podría decirse casi que me estaba volviendo loca.

Estoy temiendo que mis palabras suenen algo alarmantes y alguno se me asuste con la historia. La verdad es que no sé como explicar mejor el estado de apatía a personas que supongo (y confío) que no lo sienten. Por si las moscas, declaro que el capítulo tiene final feliz y me he sentado a escribir para desmenuzar el sentimiento y comérmelo con patatas. Porque estoy harta de pasar por las cosas una y otra vez pero nunca realmente sobrepasarlas. Veremos que tal me sienta la digestión.

No nos vamos a ninguna parte. Por el lado más racional, marcharse había perdido sentido y al final hasta me parece una suerte que en Inglaterra los perros tengan que pasar una cuarentena semestral para poder ser admitidos en el país. Sobra decir que al can nadie podía cuidarlo, el dueño no se iba a desprender de él y que de la idea de postergar la mudanza seis meses a quedarnos aquí, hubo tan sólo una tarde de discusión y una renuncia a la renuncia en el trabajo que me supo agria como un vaso de leche con limón.

Detalles aparte, que tampoco me apetece regodearme más en mi desgracia, el plan B es quedarnos aquí y luchar por nuestro futuro laboral.
¿Quién quiere contratar a un empleado que cambia casi anualmente de empresa y que no ha hecho otra cosa que coger el teléfono? He ahí el quid de la cuestión. Si me voy de aquí, todos estos meses de sangre, sudor y lágrimas se me van directamente a la basura. Tendría que empezar de cero en otra empresa cuando aquí estoy a punto de superar el escalón más escarpado, la pesadilla de cada día, la esclavitud del siglo XXI: el odiado AUTO IN del teléfono del teleoperador que lo obliga a contestar llamada tras llamada durante ocho horas diarias, forzándolo a hablar cual loro hasta que la voz se te seca y te duele el brazo de registrar “llamaditas” en el maldito ordenador que encima siempre va a pedales.

No puedo marcharme. Por mi bien. Me guste o no me guste, me tengo que empanar Brno para pasarlo por la tráquea como sea. Y tampoco puedo hacerlo con la misma actitud que tenía antes porque me moriría. Tengo que seguir adelante con cosas como escribiros a vosotros, seguir aprendiendo alemán, saliendo a correr cada día y otros pequeños objetivos que me llenen la vida. Me tengo que hacer fuerte en aspectos en que no lo soy, como cuando hago un géiser por no poder tragarme una pastillita analgésica.

Me espera una buena. Espero que brindéis conmigo para desearme suerte.

miércoles, 27 de julio de 2011

Colgando de la nube

Comienzo hoy el primer blog de mi vida con un título del que al principio he dudado, pero que sin embargo el día y su circunstancia acaban de confirmar cómo el más acertado de la historia.

Las personas tenemos sueños. Todas hemos sabido en algún momento de nuestra existencia lo que queríamos. Por muchas y variadas razones son muchos los que nos olvidamos de estos sueños y nos dejamos llevar por un tedio que nos sitúa simétrica y  proporcionalmente debajo de una oscura y gorda nube gris.

Aquí estoy yo ahora. Bienvenid@.

Te mostraré con mis palabras lo que ven mis ojos. Te haré sentir el delicado escalofrío de mi espalda, el olor del cielo húmedo y el sabor de las gotas de lluvia que a veces mojan mis labios.

Y estoy segura que en un tiempo, me oirás también narrar de lejos.


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Vivo desde hace un año en Brno, República Checa. Es una ciudad que aborrezco y en la que no he logrado estar muy feliz desde que llegué. Por eso y otros avatares distintos al tema, hace algo más de una semana decidí dejar mi trabajo en una multinacional informática y mudarme junto con mi novio a la prestigiosa Praga, capital del país, con la intención de iniciar una nueva y más exitosa etapa.

Pero no había quedado yo muy convencida. Mi llegada a Brno se produjo fuera de todo pronóstico porque yo estaba en paro en España y a pesar de haber tenido siempre en mi mente (y mi corazón) el sueño de vivir en un país de habla inglesa, yo simplemente no me atrevía a arriesgarme a dar el paso. Un amigo que estaba aquí de beca Erasmus había encontrado trabajo, me dijo que buscaban gente, le envié mi currículum y sin pensármelo dos veces, no fuera a ser que también me echara atrás, me encontré metida en el agujero.

Y así lo llamo porque desde el principio no me gustó. Sus todavía aires soviéticos, la gente mugrienta y maloliente, los tranvías decrépitos y trastabillantes, los edificios destrozados… Qué decirte… Esto no es lo que uno quiere.

Volvamos al tema de la mudanza. Acordado el cambio a Praga, apliqué durante unos días a varias ofertas de trabajo encontrando entre todas ellas una realmente interesante.
Bien pagado, con incentivos, beneficios… Se trataba de un puesto en una empresa de diseño de interiores con proyección internacional que combinaba el secretariado a un jefe de la empresa con dirección de proyectos y ventas. Eché mi currículo con el sabor amargo del que sabe que hace por hacer, sin esperanza alguna de que fueran a llamarme.

Y es que encontrar el trabajo perfecto es otro de mis sueños, uno que hasta me hace llorar por las noches, pero que parece que hace mucho tiempo soñé y he olvidado.

Bueno, como era inevitable, el run-run que me queda dentro de cuando hago algo en contra de mi conciencia fue creciendo y creciendo hasta que se hizo insoportable y le tuve que decir a mi novio que a mi ir a Praga no me consolaba, que en este país no ganábamos dinero, no aprendíamos idiomas y que con él o sin él había llegado mi momento de irme a mi soñada Inglaterra. Imagínate qué bien debí de argumentar y con qué lógica aplastante, que mi novio quedó convencido de cambiar los planes y marcharnos a por ese futuro brillante en la isla prodigiosa.

Y esto nos sitúa de vuelta al día de hoy, en el que por razones varias de buscar trabajo, mejorar el currículum e intentar iniciarme un poco en las habilidades del marketing y la comunicación, he decidido empezar este blog con este título tan inspirador.

" De cómo descolgarse de una nube gris"


Pues hace un rato me han contactado del maravilloso puesto en Praga invitándome a una entrevista por Skype a las 18 de la tarde. Y no sé porqué no he dudado.
He dicho que no. Que ya no me interesaba, que el país de mis sueños me espera.


¿Habré hecho lo correcto? Pasan las horas y ya me estoy arrepintiendo!! Porqué no he pensado al menos en hablar con ellos?? Me iba a entrevistar el jefe directamente, sin ETTs de por medio… Ooooh no, porqué he dicho tan deprisa que no!!??

¿Será está la forma de descolgarse de la nube o de meterse de lleno en ella?

Dicen que en Inglaterra llueve mucho…